Por sugerencia de una lectora, el post "Apocalipsis (belenes)" se autodestruirá antes de las cero horas del día 25 de diciembre. Más vale prevenir.

martes 15 de diciembre de 2009

Un día ambivalente (o El pozo de los deseos)



No sé muy bien cómo enfocar este post. Tengo dos ideas. La primera es hablar de cómo hay cosas que, al mismo tiempo, atraen y repelen, dan gusto y miedo... Nada nuevo. La otra es citar un capítulo de la serie de dibujos Los Wuzzles en el que salía un pozo de los deseos con la inscripción "Cuidado con lo que deseas, se puede hacer realidad". Nada nuevo tampoco pero aquella vez fue la primera en la que me enfrenté a esa máxima terrible. Si uno tiene que llevar cuidado con lo que desea porque se hace realidad... ¿qué sentido tiene nada? No sé si tuve una de esas crisis de infancia en la que te pasas varios días pensando en la muerte, tuya y de los que te rodean, pero hubiera podido.

De una forma u otra, este domingo me fui a la cama escuchando llover y fantaseando con que, al día siguiente, todo amaneciera nevado. No nevó pero hacía un frío terrible y llovía a cántaros. Un día ideal. Al menos para mí que me encantan los días así. Ah, pero tenía que llevar a Juan al cole y recogerlo. Todo eso con Darío. Así que un día encantador se conviertió en un incordio con tanto entrar y salir del coche.

El lunes tuve la primera entrevista en radio con motivo de los "Cuentos pop". Digamos, sin entrar en muchos detalles, que me manejo mejor con la palabra escrita que con la palabra hablada. La segunda me genera mucha inseguridad y si estoy en un entorno que no controlo me agobio mucho muchísimo y las cosas no me salen como me gustaría. Yo me senté delante de Ángel Sopena, periodista musical de Onda Regional y organizador del Lemon Pop, pensando que estaba tranquilo. Tenía preparada la primera respuesta y aún así empecé a balbucear como un colegial. Empecé con mal pie y ya fui toda la entrevista agobiadísimo. Lo peor fue cuando me hacía preguntas y me quedaba en blanco. ¿Cuál ha sido el último concierto al que has ido? ¿Cuál ha sido el último disco que te has comprado? ¿Qué escritores pop te gustan? Me veía mirando dentro de mi cabeza y sólo encontraba un pasillo largo y vacío (la imagen es real, o sea que la tuve durante la entrevista). He respondido a todas esas preguntas en este blog: el de Francisco Nixon, el pedido después de la carta bomba de Elephant, Murakami, Murakami, Murakami.

Me quedo, en todo caso, con tres lecturas positivas:

1. Lo hice (cosa que en otro tiempo hubiera sido impensable para mí)
2. Si empiezas mal solo puedes ir mejorando.
3. El mensaje llegó, no como yo hubiera quedado pero llegó.

Como, bien o mal, hecho está y no es plan de esconderse: se puede escuchar hoy a las 23 horas en Onda Regional de Murcia.

El viernes voy a la tele y el sábado se presenta el libro en Historietas. Estoy, al mismo tiempo, horrorizado y flipado. Una parte de mí se quiere esconder bajo tierra con El hombre topo y otra no para de pensar qué voy a ponerme. Quiero, a la vez, ser Burial y quiero ser Mick Jagger.




El problema no es que se cumplan los deseos. Eso es un mensaje de mierda. Lo que pasa es que pocas cosas son fáciles y perfectas en la vida. Casi todas llevan aparejadas problemas y complicaciones. Y una de dos: o se resuelven o se deja de tener deseos. Perdón por el momento Coelho. Prometo que no se volverá a repetir.

PD: Acaba de venir a casa El Misino. Es el bodeguero del pueblo y hace reparto a domicilio. No todo iba a ser malo en Espinardo. Pero nos ha dicho que se jubila. Madre mía ¿y ahora qué?

domingo 13 de diciembre de 2009

El cumpleaños de cuento de Darío

Darío no es príncipe, ni falta que le hace. Tampoco es el hijo pequeño de un molinero pobre ni el menor de tres hermanos. Esas condiciones no son del todo necesarias para protagonizar un cuento.

El sábado fue su cumpleaños. El día empezó como todos: a las siete y media, una hora escandalosa para ser sábado, Darío se bajó de la cama y vagó por la casa reclamando el biberón mañanero. Su madre lo llevó a la cama de los papis y le hizo el desayuno. Enseguida se despertó Juan y, los cuatro en la cama, le cantaron cumpleaños feliz.

A pesar de ser sábado y del cumple, Mercedes tenía que trabajar y antes de irse, le dimos el regalo: la serie completa de Pippi Calzaslargas. Lo mejor del regalo fue que en la caja había un botón que al apretarlo sonaba la canción de Pippi. Si no le dio mil veces al botón en todo el día, no le dio ninguna.

Los hombres de la casa nos pusimos guapos y nos fuimos a tomar un aperitivo al bar Avenida para celebrar el cumple. Patatas fritas de bolsa, almendras y zumo de piña. Lo mejor de lo mejor. Al poco llegó Mercedes y nos fuimos a recoger la tarta. Una tarta hecha por encargo según los deseos del cumpleañero: graaaande, graaaade y de fresa. Es que en estas fechas no tenemos fresas, nos dijo el viernes el pastelero. No importa, le respondimos, lo importante es que sea roooosa, rooooosa.

Llegamos a casa. Guardamos la tarta en el frigo y nos pusimos a recoger y limpiar antes de que llegaran los invitados.

Los primeros en llegar fueron la tita M. y el tito (político, vaya adjetivo) S. Venían a comer con nosotros.

A las cuatro en punto de la tarde sonó el timbre por primera vez. Darío corrió como una exhalación a abrir la puerta. Eran el tío (abuelo) A., la tía (abuela) L. y sus dos hijos. Y los correspondientes regalos, claro.

No había subido la primera cafetera cuando sonó de nuevo el timbre. Esta vez eran la abu, la tita L. y la tía (abuela) M.

Pensábamos que ya estábamos todos cuando volvió a sonar el timbre. ¿Quién será? Darío corrió a abrir y ¡qué sorpresa! eran la yaya, el abuelo P. M. (Darío lo llama siempre por el nombre y el apellido), el tito J. con L., el tito J. con A. y la tita M. con su amigo A. Vaya, vaya, la familia al completo solo faltaba... un momento, suena el timbre otra vez. Pero bueno, qué sorpresón, recién llegada de la tele estaba en nuestra puerta la tita C. con T. y la primita M. (la niña más guapa de la Galaxia).

Apenas habíamos cerrado la puerta, otro timbrazo. Desde Gijón, utopía hecha realidad, había llegado el abuelo F.

Los regalos ya no cabían en la casa y tuvimos que pedir sillas prestadas a las vecinas.

Y cuando pensábamos que no vendría nadie más, de nuevo el timbre. Darío se puso como loco cuando abrió la puerta y vio a Pippi, Tommy y Anika subidos en Pequeño Tío. También venía el Señor Nilsson. Aparcamos a Pequeño Tío en el patio y rezamos, los padres somos así, para que Pippi no incitara a los niños a comerse una sopa de clavos o a disparar armas de fuego.

Empezábamos a estar como en el camarote de los Hermanos Marx cuando volvió a sonar el timbre. Explosión de felicidad: eran Pocoyó (Darío le llama Pocoyoyo), Eli, Pato, Lula, Pajaroto, Valentina y Pulpo.

Íbamos a cerrar la puerta cuando escuchamos gritar ¡PEDO! Miramos y venía el conejito Pipí Caca con el lobo, detrás también iban las tres gallinas del cuento favorito de Darío y la gatita Hello Kitty.

A partir de ahí perdí la cuenta. Sé que siguió sonando el timbre y que la fiesta duró hasta las tantas. Tuve que salir corriendo a la pastelería para rogarle al pastelero que me hicieran de urgencias una nueva tarta graaaaaaaaaaande, graaaaaaaaaade y rooooooosa, roooooooosa. También tengo que decir que todos fueron unos invitados ejemplares y que dejaron la casa más limpia y ordenada de lo que se la encontraron.

Un día perfecto.

viernes 11 de diciembre de 2009

Juan pregunta


jueves 10 de diciembre de 2009

Apocalipsis (Belenes) (Post autodestructivo)

Hemos estado un par de mañanas decorando el colegio para las Navidades entre el equipo directivo, algunos niños y cuatro o cinco madres (yo incluido). Ayer fue el día de ver lo que había y ponernos de acuerdo. Y hoy el día de los espumillones, las campanas, los calcetines gigantes y el belén. Hacía años que no montaba un belén. Me acuerdo que de pequeño era uno de los momentos más emocionantes de la Navidad. Y quitarlo era justo lo contrario: todo un drama. Una de mis tías ponía todos los años el mismo belén, lleno de figuritas mutiladas. Estaba el paje con media cara, la pastorcilla manca, la oveja coja... Era como la parada de los monstruos pero en navideño. Eso, por cierto, inspiró a mi hermana, la estrella de la radio, una de sus primeras piezas de radio-ficción.

Estábamos sacando las figuras del nacimiento cuando ha ocurrido el desastre. A una de las madres se le ha caído el Niño y se le ha roto la cabeza. Hemos decapitado al mismísimo dios. Ha cundido el pánico y a punto hemos estado de suspender todos los actos previstos, irnos en masa a confesar y peregrinar de rodillas hasta Lourdes. Menos mal que una de las madres ha dicho que por ahí tenía pegamento superfuerte y con una gotita hemos arreglado el desaguisado y evitado el apocalipsis.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Carta de no recomendación



El martes por la mañana, mientras paseábamos por Albacete, tuvo lugar una conversación que voy a contar a continuación. Voy a hacerlo tipo obra de teatro que creo que no he usado hasta ahora este truquito. Podría acabar con algún comentario o incluso algún juicio de valor, pero mejor no lo hago. Ahí va:

Exterior. Día. Cuatro personas caminan contra un decorado que recuerda la Avenida de España de Albacete. La mujer empuja un carricoche con un niño dentro. El hombre intenta caminar con un niño de la mano. Hace un agradable frío de Otoño. Todos van muy abrigados, quizás excesivamente abrigados.

Hombre (impostando la voz): Juan, ya verás, vamos a hacer un juego. Voy a hacer que soy Papá Noel y tú me vas respondiendo. ¿Vale?

Niño mayor: Vale.

Hombre: Pero tienes que decir la verdad porque a lo mejor Papá Noel nos está escuchando y los Reyes Magos y lo que digas lo van a apuntar.

Niño mayor: Que vale.

Hombre: Jo, jo, jo. Hola, Juan.

La mujer sonríe, mitad de verdad, mitad de compromiso.

Niño mayor (con voz nerviosa, como si por un momento creyera de verdad que quien le habla es Papá Noel): Hola.

Hombre: Estoy recogiendo cierta información sobre tu padre, ya sabes, para ver el tema este de los regalos. Dime, ¿cómo se ha portado?

Niño mayor: Mal.

Hombre (sorprendido y asustado): ¿Mal?

Niño mayor: Sí, mal.

Hombre: Pero, ¿muy mal?

Niño mayor: Sí, muy mal.

Hombre: Entonces, según tú, ¿se merece que le traiga regalos?

Niño mayor: No.

Hombre (conteniendo el llanto): Bueno, bueno. Tomaré nota.

Mujer: Eso te pasa por preguntar.

Las cuatro personas siguen caminando. El niño mayor da algunos tirones de la mano de su padre. El padre se lleva la mano libre a la cartera, como si quisiera calcular si va a tener dinero para comprarse él mismo los regalos que este año, al parecer, no se ha ganado. Cae el telón.

lunes 7 de diciembre de 2009

Cuerdas y dedos

Le han regalado a Juan una guitarra, al menos eso pone en la caja, que solo tiene cuatro cuerdas. A Seasick Steve le sobra una.





Claro que, por no hacer falta, no hacen falta ni los cinco dedos de una mano para tocar la guitarra. Que se lo digan si no a Django Reinhardt:


domingo 6 de diciembre de 2009

Kioscos

Estamos pasando el puente en Albacete. Esta mañana he bajado a comprar el periódico y mi dosis mensual de Rockdelux. Da tanto gusto bajar a la calle y encontrarte en medio de la ciudad... Como he aprovechado para fumar, me he tenido que esperar para entrar al kiosco. Bueno, más bien es una de esas droguerías - librerías que, curiosamente, abundan más de lo esperado.

He estado fumando frente al escaparate leyendo los titulares de los periódicos y me he acordado de cuando estuvimos en Cuzco, Perú. Allí era muy habitual encontrarte a un montón de personas paradas delante de los kioscos. Al principio nos llamaba mucho la atención y nos preguntábamos ¿qué estarán haciendo? La respuesta era fácil: estaban leyendo las portadas de los periódicos, demasiado caros para las economías de subsistencia. Me he acordado también de que allí, en las mantas, más que vender CDs y DVDs pirateados, vendían libros fotocopiados. ¿Llegará eso aquí?

PDI: En Albacete hace un frío que ni en el Polo Norte. Antes de lo que he contado, me he ido a correr. Creo que hacía bajo cero. El frío se lleva bien al poco de estar corriendo pero me he tenido que volver porque con la humedad, se me empañaban las gafas y no veía nada de nada.

PDII: Mientras fumaba delante del escaparate me he acordado de una tercera cosa. Cuando éramos pequeños y hacía mucho frío, aprovechábamos el vaho que salía de nuestras bocas para fingir que fumábamos. ¿Por qué ese empeño en ser mayores antes de tiempo?

PDIII: Tengo la sensación de que ya he contado lo de los periódicos de Cuzco. Este blog empieza a ser como una pareja de larga duración, con la que vas repitiendo conversaciones.