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EL AMOR AGITADO (ensayo sobre el amor romántico)





En breve tendré preparada una estupenda edición en pdf que enviaré a quien la quiera por el justo precio de 1000 euros. Ya podéis estar ahorrando. Ya está disponible en elamoragitado.blogspot.com


Podéis leer las desventuras de este ensayo aquí o aquí.


No compres a ciegas. Lee el prólogo y dos capítulos:  http://es.scribd.com/doc/78541033/El-amor-agitado-prologo-y-dos-primeros-capitulos   

Unos textos al azar para abrir boca (o cerrarla, según lo que os parezca):


Quizás un hecho pueda poner de manifiesto que el amor romántico se extiende a lo largo del tiempo y del espacio, de la sociedad posindustrial a las alturas tibetanas. Como ha sido habitual en casi todas partes durante casi todos los siglos anteriores, los padres nepalenses casaban a sus hijos siguiendo ciertas y estrictas normas. Pero, desde 1993, casi todos los matrimonios, el noventa por ciento, se realizan por amor, aunque los contrayentes tengan que huir para casarse. Habría quien pudiera pensar que esto es cosa de la globalización. Algo tendrá que ver. Es indudable que el fenómeno globalizador está homogeneizando las culturas y haciendo que todas seamos cada vez más parecidas. Pero entre las causas de esta explosión de matrimonios por amor se encuentran la electricidad, las películas de amor autóctonas, la enseñanza y la alfabetización (gracias a la cual, las cartas de amor se han convertido en la última moda nepalí).

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Los griegos no escatimaban en tipologías y tenían casi una docena de palabras distintas para nombrar al amor de pareja, según fuera de un tipo o de otro. En 1976, el psicólogo John Alan Lee reagrupó las variedades griegas de amor alrededor de seis categorías: Eros (el amor romántico, la pasión, el sexo, el que se tiene con una pareja exclusiva y especial), Ludus (el amor juguetón, el que revolotea y huye del compromiso), Storgé (un amor calmado y tranquilo, de carácter fraternal y amistoso), Manía (el amor que busca poseer, el que no consiente ninguna presencia ajena, el celoso, el obsesivo e irracional; combina ludus y eros), Ágape (un amor desinteresado, casi espiritual, en el que se es capaz de cualquier sacrificio por el bien del amado, el amor más como deber que como pasión; combina eros y storgé) y Pragma (el amor calculador, el que mide cada movimiento que se da y prevé las consecuencias, es un amor contradictoriamente racional; combina ludus y storgé).

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La influencia de la literatura volvió a ser decisiva en el siglo XVIII. Nuestra versión del amor romántico es, para muchos entendidos, una conducta aprendida que se puso de manifiesto a finales de dicho siglo (especialmente el matrimonio por amor). la obra señalada es del escritor francés Jean Jacques Rousseau y se titula La nueva Eloísa (en referencia a la Eloísa que en el siglo XII se enamoró de Abelardo). Con esta novela se recuperaron algunos de los elementos del mito fundacional del amor romántico occidental: Tristán e Isolda. Pero mientras que este mito terminaba con la muerte trágica de los amantes, la novela del francés acababa en matrimonio. La institución acogía y bendecía al amor, por fin.

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Hay quien se ha tomado muy en serio la posibilidad de ir aumentando la cifra. Una de las manifestaciones más recientes del amor es lo que se ha dado en llamar el poliamor. Vale, de acuerdo, no existe la media naranja, no hay nadie que pueda darme todo lo que necesito. Buscaré entonces todas las personas que necesite para sentirme completo. Y así, los viernes saldré con Julia que sabe cómo acariciarme, los sábados iré con Miguel a ver el partido y a emborracharnos como espartanos, el lunes hablaré de poesía con María, es tan sensible, y etcétera.

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En una de las tiras dominicales de Calvin & Hobbes, escritas y dibujadas por el genial Bill Waterson, Calvin (un niño de seis años) le pregunta a Hobbes (su tigre de peluche) cómo es estar enamorado. «Bueno, dice el tigre, imagina que ella pasa ante ti… Primero el corazón se te cae al estómago y te aplasta las tripas; eso te hace sudar abundantemente; la condensación te cortocircuita el cerebro y te quedas todo mareado; al tiempo que se te consume el cerebro, se te desencaja la boca y balbuceas como un cretino hasta que ella se marcha». «¿¡¿ESO es amor?!?» pregunta Calvin asombradísismo. «Médicamente hablando», responde Hobbes. «Una vez me pasó eso», añade el niño, «pero creí que eran piojos».

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El banco del parque es incómodo. Empieza a hacer un frío molesto, de ésos que hacen que al día siguiente duelan los riñones y los huesos. Oscurece y el entorno se puebla de personajes que no inspiran mucha confianza. Pero para los amantes que se besan todo lo anterior no importa. Es más, no existe. En su burbuja ficticia, irreal, no existen bancos incómodos, ni frío, ni ladronzuelos de tres al cuarto. Son como los amantes del cuadro de Lichtenstein que ni siquiera necesitan respirar. El tiempo tampoco existe para ellos. ¿A que no sabes qué hora es? pregunta él. Pues no sé, duda ella e intenta calcular… ¿las once y cuarto? No, responde él, son casi las tres de la mañana. Durante mucho tiempo, esa hora, las once y cuarto, fue para ellos la hora del amor, la más clara evidencia del poder que nos otorga el enamoramiento: somos capaces de todo, incluso de detener el tiempo.


PD: Me dice mi asesor literario que he puesto un precio muy alto. Yo le digo que el libro los vale, él me dice que sí, que es de la misma opinión pero que no corren buenos tiempos para precios astronómicos. Que, tal vez, 5 euros sea mejor. No merece la pena pelearse por 995 euros. Así que, que sean 5.