Cada miércoles un cuento en El Estafador

miércoles, 9 de enero de 2013

Monitoras de comedor desalienándose


Según el “Diccionario político” de Haro Tecglen, alienación es un fenómeno por el cual el hombre se convierte en el extranjero de sí mismo, en ajeno a sí mismo... [para que esto se produzca] es preciso que ciertas fuerzas invisibles lo impulsen a este estado fuera de su naturaleza y de sus intereses hacia otros que no son los suyos, pero que ellos creen que lo son. Véase a la cajera del Mercadona enfrentándose a los compañeros del SAT que estaban expropiando carros llenos de comida.

El concepto de alineación presupone la existencia de una naturaleza humana, una forma de ser primigenia de la que nos arrancan a la fuerza. La naturaleza tiene mala prensa, huele a reacción. Pero hagamos una enumeración rápida de las virtudes de la infancia: espontaneidad, sinceridad, juego, imaginación, presencia, hegemonía de los deseos, rechazo al control... Todas ellas virtudes incompatibles con el estado de cosas de la Dominación. Y, hay que decirlo, virtudes muy respetables. Por eso la alienación se da desde el comienzo y en todas partes. Tiqqun lo dice así:

Cada cuerpo, para llegar a ser sujeto político en el seno del Estado moderno, debe pasar por el proceso de fabricación que lo convertirá en tal: debe comenzar por dejar de lado esas pasiones, impresentables, sus gestos, irrisorios, sus inclinaciones, contingentes, y debe dotarse en lugar de esto de intereses, que son con certeza más presentables y hasta representables. Es así por tanto que cada cuerpo, para llegar a ser sujeto político, debe empezar por proceder a su autocastración en sujeto económico.

De tal forma que, extirpadas las gónadas, como dijo Guy Debord, en ninguna parte existe el adulto dueño de su vida. De nuevo la cajera de Mercadona.

Fue Marx el que popularizó el término de alineación. Para Marx, el quid de la cuestión estaba en el trabajo y, en concreto, en la división del mismo. Al encargarse de una parte del trabajo, la persona deja de participar de la actividad total de la sociedad. La sociedad pierde su carácter humano pero no porque el trabajo esté dividido sino por la mera existencia del trabajo. No hay que trabajar. Hay que negarse a realizar las tareas que otros nos asignan: recordemos al niño peleando como gato panza arriba para no madrugar o para no hacer los deberes.

Pero, en fin, las cosas son como son y hay que trabajar. Hay que dar gracias si tienes un trabajo es la nueva frase de moda. El colmo de la alienación es desear un trabajo a toda costa, sean cuales sean las condiciones. Sin embargo, hay vida ahí fuera. Que se lo digan si no a las monitoras de comedor deAragón, que están dando un ejemplo emocionantísimo con su huelgaindefinida.

Las monitoras han abucheado a la consejera de Educación, Dolores Serrat

Las monitoras de comedor suelen responder a dos perfiles: chicas jóvenes que están terminando la carrera o madres de familia que trabajan algunas horas a la semana para sacarse un dinero. Se trata de un trabajo complicado y poco valorado. Hacer que los 15 ó 20 niños a tu cargo se coman toda la comida y no armen mucho revuelo es misión casi imposible. Cobran un sueldo ridículo y deben soportar que otras madres les exijan que consigan lo que ellas no pueden: que sus hijos se coman la verdura, el pescado, la fruta... Tienen contratos precarios y viven en la cuerda floja laboral. Sobre el papel, no son un colectivo con muchas papeletas para llevar a cabo una huelga indefinida. Pero ahí están, dándole en los morros a tanto trabajador pusilánime que hay por ahí suelto. De hecho, le están echando tanto valor que hasta están desobedeciendo los servicios mínimos. Tal vez estén formulando un nuevo lema a tener en cuenta: Lucho por un trabajo mejor porque el trabajo que tengo es tan horrible que no me importa perderlo. Dignidad es la palabra.

PD: La excusa más habitual para no ir a la huelga es el dinero. Enmarquemos este argumento en un par de citas. La primera es de Marx: La necesidad del dinero es pues la verdadera necesidad producida por la economía política, y la única necesidad que ella produce. Autocastrados, aceptamos trabajo a sueldo de quien se tercie porque nos han metido a fuego en el cerebro que el dinero es imprescindible y por ese mismo dinero asumimos cualquier imposición laboral. Algunos círculos no serán perfectos pero les falta poco. La segunda cita es de Hegel, al que recurren los franceses de Tiqqun para decir que el dinero es la vida de lo que está muerto, moviéndose en sí misma. Las monitoras de comedor de esta historia podrán acabar en el paro o ganar la batalla pero, sea como sea, están vivas, por fin.

2 comentarios:

Pilar / todomundopeques dijo...

Me citas a Haro Tecglen (un señor encantador además de un autor más que respetable) a Marx y a Engels con una frescura y una tranquilidad que me pasma... pero sí, estamos descubriendo que aún a pesar del sistema a pesar de los pesares, aún estamos vivos y algunos incluso recuperan su dignidad... aunque eso parece que siempre es a costa de su cuenta corriente...
¡Aún hay esperanzas!

Félix dijo...

Los romanos acabaron con la esclavitud porque les salía muy caro dar alojamiento y techo a los siervos. Mejor pagarles menos de lo que les costaba ser sus amos y luego cobrarles lo que producían muy por encima del costo de producción, producción monopolizada desde luego.